sábado, 4 de febrero de 2017

Los Trumperos

Al nuevo amo del mundo, al emperador electo del Imperio  le ha sobrevenido una nueva idea para mayor gloria de sí mismo: eliminar la delgada línea divisoria que separa las atribuciones de iglesia y Estado.
En la legislación de los Estados Unidos de América del Norte existe desde el año 1954 una enmienda legal por la cual las personas y asociaciones que están exentas de pagar tributos no pueden usar los espacios públicos de su condición pastoral para hacer política ni directa ni indirectamente.
Es importante fijarnos de quién parte la iniciativa, es la propuesta de un tal Lyndon B. Johnson senador y posteriormente Presidente de USA. El presidente que firma la enmienda es un republicano poco sospechoso de anticlericalismo, se  llamaba Dwight Eisenhower. La ley en cuestión prohíbe que desde los pulpitos se influya en la decisión electoral de los votantes. Este proselitismo se puede hacer siempre y cuando que se renuncie previamente a la exención fiscal.
Pues bien, con todo eso pretende acabar un individuo con nombre de pato y una cabeza en la que el activo de mayor valor consiste en la piel de mofeta muerta que la cubre. Ese es el derrotero que está tomando el Imperio.
A los españoles, simples mortales, esa medida no nos debería extrañar. Aquí no solo eximimos de obligaciones fiscales  a la Iglesia Católica, vamos más lejos, mucho más lejos: les regalamos inmuebles, ponemos en su mano la educación y enseñanza de nuestros niños, les abonamos los salarios de sus curas y obispos (incluidos los pederastas) y como colofón les subvencionamos emisoras de radio (Cope), cadenas de televisión (13TV) y editoriales periodísticas para que adoctrinen a sus fieles y a los infieles con la exclusiva finalidad de influir en la intención de su voto.
Si algún día el dueño del mundo se da una vuelta por estos lares aprenderá a dejar el poder en manos de los clérigos sin que a nadie le extrañe.
Para ello tendrá que seguir una sencilla metodología:
En primer lugar tendrá que descartar de sus escudos y emblemas a un ave rapaz como el águila y cambiarla por la especie voladora  más sucia, vaga  y carroñera que sobrevuela los cielos: La gaviota.
Bajo ese símbolo de carroñero se aglutinan especímenes como los que padecemos  en el ayuntamiento de Zaragoza.
Al igual que niños malcriados  de familias bien cuyo único bagaje profesional es ser concejal de carrera - ésta caterva de individuos sin la mínima preparación que han sido colocados en la institución municipal para que se ganen holgadamente la vida - se permiten la licencia de vilipendiar a los ciudadanos que en el uso legitimo de su derecho intervienen en el Pleno municipal como invitados.
La verdad es que los zaragozanos nos esperamos mucho de ellos, de hecho, desde hace varias legislaturas, no les otorgamos confianza suficiente como para que gobiernen en el Municipio y hagan y deshagan a su antojo. Los Suarez, Navarro, Azcón, Senao, Contin… y adyacentes sobreviven gracias a la tendencia pueril de los electores  para creer en los milagros. ¡Por mera imposibilidad genética nunca mejorarán! Por lo mucho que suenan sus apellidos de familias bien de toda la vida  podríamos llamarles “los ediles orquesta”
En el último pleno celebrado el pasado 3 de febrero, ante una iniciativa de CHA, fue invitado a intervenir el presidente de la asociación Movimiento Hacia Un Estado Laico – MHUEL – con el objetivo de exponer la petición ciudadana  para que el municipio zaragozano se uniera a la red de municipios laicos que como mancha de aceite va creciendo en España.
La iniciativa fue rechazada con los votos al unísono de PP y C´s. Nada que objetar  salvo el intento de la portavoz de C´s de presentarse como una laicista convencida cuando el voto en contra de su formación iba a tumbar la propuesta.
Tampoco extraña la postura del PSOE, si han conseguido ser Republinárquicos (republicanos-monárquicos) bien pueden ser Laicigiosos (laicistas- religiosos).  También dicen ser socialdemócratas y no son ni socialistas ni demócratas.
Lo más deplorable resultó ser el ensañamiento que tuvo lugar desde las filas populares. Sin argumentario político, Navarro se dedicó al insulto personal y a la carroñería política contra el ciudadano interviniente en el foro que es casa de todos, a sabiendas de que los invitados no tienen opción a réplica y por lo tanto a defensa.
El alcalde Santisteve debería creerse de una vez que es el responsable máximo de la corporación e impedir que los niños maleducados abochornen a todos con su comportamiento.

Nunca tomó más sentido el pajarraco que les define.