lunes, 14 de diciembre de 2015

La madre de todas las campañas

El próximo día 20 de Diciembre acabará ¡Por fin! La campaña electoral para la renovación de las Cámaras del Congreso y Senado.
Está siendo una larga, muy larga campaña; comenzó un infausto 11 de marzo de 2004 con los sangrientos atentados de Atocha. A partir de ese momento y tras los resultados electorales del día 14 se abrió la veda de la manipulación, las teorías de la conspiración, el desprecio a la voluntad de los votantes españoles que fueron, según los urdidores de la teoría, asustados por la barbarie y domesticados por las bombas.
Para los conspironoicos la cobardía del pueblo le otorgó la victoria a un malandrín como Zapatero arrebatándosela al heredero nombrado por el glorioso dedo del emperador Aznarparte ¿Hasta dónde vamos a llegar? Se preguntaban los prohombres del bien hacer y las mujeres como dios manda.
Como nada es eterno y la estupidez no puede esconderse indefinidamente a Zapatero le llegó su final político de la misma forma que se estrelló Rubalcaba: merecidamente.
El castigo al que nos hemos visto sometidos los habitantes de este país ha superado con creces los límites de lo soportable, hemos sufrido sin pestañear el espolio de las arcas de la Seguridad Social, el recorte de derechos laborales, la altanería de Wert, la chulería de Soria, la huidas por las puertas de “plasma” de Rajoy, la Gürtel o la Púnica, las tarjetas Black y las comisiones de Trillo y Pujalte, los sobres en “B” y las fiestas de cumpleaños de Mato, las tasas de la justicia y la privatización de la sanidad. Recortes de derechos ya reconocidos con la excusa de una economía de supervivencia para sacar al país de la hecatombe zapateril.
Un estado que ha decidido vivir una “economocracia” como línea maestra de sus actuaciones de Gobierno. Un estado que modifica su Ley de leyes  - La Constitución- para agradar y obedecer a sus amos financieros: Antes se pagan los intereses de los bancos que la vida de los ciudadanos. Ese está siendo el lema central de nuestro sistema.
Si nada lo remedia el día 21 comenzaran las negociaciones para volver a investir Presidente del Gobierno al Señor de los Hilillos. Parece que tendrá que pactar con unos (Ciudadanos) u otros (PSOE). Quizás hasta cambien la imagen del plasma y sea la cara de Soraya la que veamos, pero todo será igual.
El día 20 veremos las consabidas imágenes de la fiesta de la democracia. Los lideres votando e invitando al voto, por cierto, voto que no podrán ejercer los miles de cientos de expulsados de esta España decadente y caduca.  Naturalmente, nos pasarán las imágenes de las monjas votantes y los ancianos trasladados en cualquier medio para que puedan  ejercer su derecho.
Ancianos incapaces de distinguir su mano izquierda de su mano derecha decidirán el futuro de los nietos de 17 años que tienen vedado votar por falta de responsabilidad política, o eso dicen.
Es decir, a ver si nos aclaramos, quiere esto decir que ¿personas que difícilmente llegaran a la sesión de investidura, probablemente incapacitadas para gobernar sus esfínteres van a decidir como tendrán que sobrevivir las generaciones venideras?
Si nos fijamos en la intención de voto declarada, el gremio poblacional  cuya aspiración de futuro es no hacérselo encima va a inclinar la balanza a favor del “Señor de los Hilillos” en contra de la aspiración de las generaciones que tienen la obligación de luchar por alcanzar un rayo de esperanza.
En manos tan firmes que con dificultad sujetan la cuchara cuando comen, se sustenta el futuro de quienes tienen que huir del país para encontrar ocupación y futuro. Las monjas votaran 6 o 7 veces ¿Por qué tantas? Pueden que sean incluso más, serán tantas como ancianos acarreen a los colegios electorales. Encomiable labor si no fuera porque tal vez y solo tal vez deberíamos plantearnos si está capacitado para votar alguien que ya ha perdido su capacidad de decisión.

Resulta altamente revelador que quienes tienen que hacer uso de la “movilidad laboral” tengan tantas dificultades para expresar su opinión política y aquellos que tienen como única aspiración jugar a la petanca en el parque sean los que decidan seguir con Mariano. Para hacérnoslo mirar.

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