viernes, 17 de octubre de 2014

Perdido en el espacio

Hay un viejo adagio popular que dice: “Con la edad una persona evoluciona a anciano venerable o a viejo estúpido. Su comportamiento definirá su clasificación evolutiva”.
En la intervención de Manuel Pizarro con motivo de la exaltación del día mundial de las misiones encontramos pistas suficientes para saber hacia dónde se dirige el insigne.
Una vez mas y van… un convencido y prominente eclesial católico ataca la opción laicista de la sociedad haciéndola responsable de todos los males que nos amenazan. Nuevamente la teoría de las siete plagas como castigo a nuestra “indecente” conducta alejada de los mandamientos divinos.
Parecen intervenciones y oratorias inocentes y desprovistas de intencionalidad, pero no, nunca dan puntada sin hilo. Saben muy bien cómo utilizar los altavoces mediáticos que pone a su disposición la jerarquía católica para conseguir sus fines, y para ello no dudan ni un instante en volver a las técnicas ancestrales del miedo, la carga de culpa, y el correspondiente castigo.
Podíamos caer en la torpeza de atribuir a la ignorancia o a un error de Pizarro las insultantes teorías que salieron de su boca para atacar de forma furibunda las aspiraciones laicistas de modelo social. Pero no, ni ignorancia ni error, sabe muy bien qué dice, cómo lo dice y dónde lo dice. Puesto que el protagonista es contumaz podríamos encuadrar su actuación en la categoría de mala fe manifiesta con intención de producir daño.
No voy a perder ni un segundo en tratar de explicar, al personaje en cuestión, en qué consiste el laicismo y qué aspiraciones tienen los defensores de un Estado Laico. Si a su edad no lo ha aprendido, me rindo, causa perdida, nunca lo sabrá.
Pero ya que defiende con tanto ahínco su idea teocrática de la sociedad y la moral cristiana, encuadrando el avance social de lo que él denomina mundo Occidental, dentro de los logros de una supuesta concepción cristiana de la vida; sería moralmente más honesto si su razonamiento y discurso hubieran ido acompañados de la advertencia siguiente:
“Los países que han conseguido alejar a las iglesias de las decisiones político/sociales son los que en el área de influencia cristiana han conseguido más desarrollo. En cambio los países con un comportamiento nacional-católico, o sometidos a la jerarquía eclesiástica, son  los denominados  PIIGS (PIGS) por los países desarrollados y su estado de desarrollo social no es precisamente ejemplar”. Fin del discurso.
Quiere Manuel confundirnos con el desarrollo económico occidental  atribuyendo su esplendor a la idea cristiana de la vida, a los humanistas filósofos griegos, a la revelación bíblica, al derecho  y justicia romanos, a la forma occidental de desarrollo cultural con sus conquistas en ciencia, libertad, democracia y derechos humanos.
Manuel Pizarro, prohombre de España, mete en la misma cesta a todas las franquicias del cristianismo. Como parece que se le ha parado el reloj en misa de 12, vamos a ilustrarle un poquito; hace siglos que en los países occidentales de nuestro entorno existe una declaración de laicidad social.  Sólo tiene que leer las Constituciones en vigor y sus enmiendas al respecto.
Por otro lado, pretender que los avances científicos se han producido por la intervención de la iglesia católica es de una osadía rayana en la temeridad ¿Nadie le ha hablado de Galileo, Servet,..y tantos otros  que harían la lista interminable?
¿Puede atribuirse a la iglesia el mínimo avance democrático? Oler incienso a Pizarro le ha debido provocar efectos irreversibles.
Según Pizarro, la lucha de clases no tuvo nada que ver con la consecución de derechos y con el avance  de la humanidad. Que los eclesiásticos dejaran de quemar investigadores obligados por la población y con ese sencillo gesto finalizara su interferencia en los avances científicos, para Pizarro solo es una anécdota. Que la sangre de las mujeres regara las calles para poder votar, para Pizarro debió ser una verbena.
Claro que esto último es entendible si se  mira desde el punto de vista del adjunto a la presidencia de El Corte Inglés, empresa que entre sus altos directivos no tiene ni UNA mujer. (Quizás algún día la fiscalía debería investigar el porqué de esta circunstancia.)
Miente Manuel a sabiendas cuando proclama que es el alejamiento de dios lo que provoca las catástrofes en la humanidad y de una forma perversa trata de equiparar el alejamiento de las creencias en dios, con la laicidad.
Él sabrá por qué miente, seguro que sus temores o sus intereses encuentran explicación a su estulticia. Para rebatirle sobra con la estadística.
Varios siglos de poderes públicos sometidos a los dictados de la Iglesia de Roma, con Concordatos y Acuerdos similares, hicieron de la piel de toro la reserva espiritual de occidente según rezaba la propaganda de la época. Mientras el mundo occidental de nuestro entorno, Alemania, Francia, Suecia, Reino Unido,…. tenían una efectiva separación entre iglesia y estado, en España, obispos y cardenales formaban parte del Consejo del Reino. Tratar de explicar a individuos como Pizarro la diferencia entre modelos sociales  de uno – España – y de otros -la Europa moderna- es inútil y por ende innecesario.
Por otro lado, si dios está tan molesto con el peligro que representa la vertiente  laicista que pretende  la sociedad, ¡! que no nos envíe una crisis ¡!, con un whassap nos daremos por enterados.
Va a ser que el dios de Pizarro está fuera de cobertura.   



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